Una parte de esta travesía la viajé con un amigo, en otra éramos cuatro viajando juntos, y otra la hice solo. Los cuatro nos conocemos desde pequeños, y suelo identificar este grupo como mi “tribu original”.
Desde Buenos Aires nos fuimos en tren a Asunción, que se demoró dos días en llegar, de ahí a Cataratas, entrada a Brasil, y nos dirigimos hacia el norte cruzando Mato Grosso do Sul, en barco desde Porto Velho a Manaos, bus hasta Boa Vista capital del estado de Roraima en el norte de Brasil (donde hoy hay tristemente alojados miles de refugiados venezolanos), cruzamos la frontera e ingresamos en Venezuela. De ahí recorrimos la zona caribeña al este y oeste del país, hasta que en soledad, por lo empecinado, decidí irme a Aruba. Después, también de tenaz, persistí en mis planes hasta irme, solo nuevamente, a Trinidad y Tobago y Guyana (ex Guayana inglesa), para luego volver recorriendo pueblos pesqueros y ciudades de la costa de Brasil, hasta volver a casa en Buenos Aires.
Este viaje creo que fue el que me abrió el interrogante y tentación de viajar a África, seguramente por la africanidad que marca la cultura y el ritmo de vida en el Caribe.
Las mejores aventuras de viaje, muchas veces se producen cuando decidimos dar ese paso extra, doblar esa esquina, o meternos en aquel barrio, donde no sabemos bien “qué hay”.
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